Con
su primer material (homónimo, por cierto), Bengala sorprendió a propios y
extraños con una propuesta fresca y rejuvenecedora de lo que el rock
alternativo mexicano podía y debía ofrecer. Recuerdo que al escuchar ese
material a finales de 2006, viajando por una nevada y gélida carretera
canadiense, mi percepción se encontraba enfocada por completo a los diversos sonidos
que de mis audífonos emanaban. Una gratísima sorpresa que rápidamente se
almacenó en mi inconsciente sonoro, y de la cual mi sistema pediría más y más.
Llegaría
el 2009, y con él la oportunidad de saciar mi necesidad por enfrentarme al
segundo material de esta banda que tiempo atrás me había conquistado. La
segunda entrega siempre es complicada, ya que las miradas y análisis (si es que
esta palabra cabe en el mundo del rock) tienden a ser más quisquillosos.
Por
fortuna, Oro representó un paso de
consolidación para Diego Suárez, Amauri Sepúlveda, Jesús Herrera, Marcos Zavala
y Sebastián Franco, ya que a pesar de alejarse un poco del sonido del disco
debut, la esencia de Bengala permaneció inalterable. Una combinación de
detalles auditivos que en primera instancia cautivan, pero que al momento de
dedicarle toda tu atención en verdad enamoran. Tal y como el preciado metal es
en realidad: difícil de encontrar, pero una vez que lo tienes en tus manos no
lo puedes soltar.