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24 de marzo de 2012

Bengala: Y ahora, ¿qué 'Sigue'?

Por Luis Arturo Solís

Con su primer material (homónimo, por cierto), Bengala sorprendió a propios y extraños con una propuesta fresca y rejuvenecedora de lo que el rock alternativo mexicano podía y debía ofrecer. Recuerdo que al escuchar ese material a finales de 2006, viajando por una nevada y gélida carretera canadiense, mi percepción se encontraba enfocada por completo a los diversos sonidos que de mis audífonos emanaban. Una gratísima sorpresa que rápidamente se almacenó en mi inconsciente sonoro, y de la cual mi sistema pediría más y más.

Llegaría el 2009, y con él la oportunidad de saciar mi necesidad por enfrentarme al segundo material de esta banda que tiempo atrás me había conquistado. La segunda entrega siempre es complicada, ya que las miradas y análisis (si es que esta palabra cabe en el mundo del rock) tienden a ser más quisquillosos.

Por fortuna, Oro representó un paso de consolidación para Diego Suárez, Amauri Sepúlveda, Jesús Herrera, Marcos Zavala y Sebastián Franco, ya que a pesar de alejarse un poco del sonido del disco debut, la esencia de Bengala permaneció inalterable. Una combinación de detalles auditivos que en primera instancia cautivan, pero que al momento de dedicarle toda tu atención en verdad enamoran. Tal y como el preciado metal es en realidad: difícil de encontrar, pero una vez que lo tienes en tus manos no lo puedes soltar.

17 de marzo de 2012

Con tintes empíreos


 Por Luis Arturo Solís

Todos somos amantes de la música, y por ello como raza humana nos merecemos un sincero aplauso. Sea cual fuere el género musical que más los apasione, siempre habrá producciones que queden registradas dentro de la categoría de favoritas y a las cuales vale la pena regresar de vez en cuando, ya sea para sumergirnos en las miles de sensaciones a las que un conjunto de melodías  nos tienen acostumbradas, para experimentar palpitaciones distintas o para revivir el estado de ingravidez al que los sonidos nos transportaron en aquella primera escucha.

Recientemente, en una de esas jornadas en las que uno está al borde de caer en un feroz ataque psicótico (sí, uno más) gracias a las presiones que el deambular terrestre genera, acudí a los discos de antaño y me encontré con una joya que hace poco más de tres años descubrí y me permitió (en aquél entonces) explorar un terreno que con el paso del tiempo se convertiría en una gran pasión: hablar a detalle sobre lo que un disco genera en mí y cómo esto podría servir para que otros se animen a sumergirse en los mismos sonidos.

Además de los sonidos y reacciones con las que me reencontré, también me di oportunidad de visitar la egoteca en donde habitan los textos que en algún momento han sido publicados en portales de tinte comercial (mainstream, digamos) o en páginas de corte independiente; pero ahora, con más experiencia y canas encima, tras constatar que mucho de lo que quedó plasmado en esas líneas se mantiene presente -tanto en mis pensamientos como en el ambiente-, mi deseo es compartirlo con todo aquél que desee expandir sus horizontes musicales/sensoriales. Por lo tanto, sin más...